sábado, 4 de mayo de 2013

EL PROFESORADO, CLAVE PARA UNA EDUCACIÓN DE CALIDAD.


Finaliza el curso escolar y, se empieza a organizar y planificar el próximo curso. Dentro dentro de las organizaciones, estará la posible renovación y contratación del profesorado en los centros. Es aquí, donde los centros católicos deben de poner su mirada. Pues las generaciones futuras dependen del perfil del profesor y de sus colegios. Ya que no podemos olvidar que el perfil del profesor y del centro determinará el perfil del alumno.

Vivimos en una sociedad que, cada día con mayor velocidad, se va convirtiendo en una sociedad multicultural.

La globalización en lo político, en lo económico, en lo social, en lo cultural, los fenómenos migratorios, los nuevos sistemas de producción, el incremento de la movilidad de las personas y de los grupos humanos, etc., tienen una repercusión directa en el mundo escolar.

La pluralidad y la creciente diversidad cultural, religiosa y étnica en las comunidades educativas, generan procesos de transformación social que reclaman una creatividad que dé fundamento a diversas maneras de construir la identidad personal y colectiva, y nuevos esquemas de trabajo educativo capaces de articular diferentes identidades cívicas y culturales y de promover nuevos modelos de vida y de relación ciudadana.(1)

Todo ello, hace que el Maestro y el Profesor, sea clave para una educación de calidad, ya que como dice el Informe Mackinsey (2007, 2010): “La calidad de un sistema educativo no podrá ser mayor que la calidad de sus docentes”;(2)

Una educación integral en el ámbito de la educación en competencias desde la perspectiva del “hacer” y de las “conductas” exige un crecimiento de la persona en referencia a su propio cuadro de valores, en cuya construcción el educador tiene una gran tarea. Las generaciones adultas hemos crecido en un marco de valores bastante estable, cuya definición e interpretación estaban suficientemente consensuadas, aún con las limitaciones y dificultades para encarnarlos en la vida diaria. Unos valores que se aprendían en la vida familiar, escolar, social, con el apoyo, también, de los maestros que se esforzaban en enseñarlos y en ayudar a sus alumnos a asimilar unos criterios éticos coherentes con los mismos.(3)

Sin embargo, en una situación de cambio permanente de nuestro entorno social, no podemos presuponer significados comunes a un cuadro común de valores, ni en la familia, ni en la sociedad, ni en el mundo escolar, donde cada centro promueve un cuadro propio de valores que, en el marco de su misión y visión, reflejan su identidad y la de su oferta educativa. Con ese panorama, la “enseñanza” de unos valores que favorezcan el crecimiento integral de los alumnos exige en los educadores un cambio de perspectiva educativa: el compromiso de ayudar a los alumnos a descubrir e interiorizar el significado vital de los valores, haciendo experiencia escolar de los mismos bajo el ejemplo, la experiencia y la vivencia de los mismos por los adultos de la Comunidad Educativa.(4)

Es así como el educador llega a ser " testigo" de la verdad, del bien y de un compromiso ético permanente, aun consciente de su fragilidad y de posibles fallos que, en ningún modo, comprometerán su credibilidad como educador que al asumir su misión y exponer su vida y su acción a la mirada comprensiva, pero crítica, de los alumnos, les ayuda a descubrir el sentido de lo que estudian, y a plantearse sus interrogantes de vida. Su experiencia y competencia coherente con el cuadro de valores que propone, fundamentan su autoridad personal y profesional.(5)

Desde la óptica cristiana, el profesorado debe encarnar los valores del Evangelio y ser, además, testigo en su vida diaria y en su comportamiento, de esos mismos valores que intenta transmitir y enseñar.

(1),(2),(3),(4),(5),El Profesorado, clave para una educación de calidad.Edita FERE-CECA.

miércoles, 1 de mayo de 2013

UNO DE MAYO. DÍA INTERNACIONAL DEL TRABAJO.


Hoy primer día del Mes de Mayo, se celebra el DÍA DEL TRABAJO. Mi pensamiento está hoy puesto en esos 6.200.500 personas y desgraciadamente en los que perderán sus puestos de trabajo antes de que termine este año, según las predicciones económicas, rozaremos la super-barrera, ya no  psicológica, si no a vergonzante de los 7 millones de parados.

Este gran problema social y humano que nos rodea debe de ser para nosotros, un hecho de reflexión desde nuestra condición simplemente humana, y un discernimiento de los más simples márgenes de los derechos humanos y constituciones, que nos deben de llevar  a una nueva renovación de nuestro compromiso social.

¿Cómo celebrar el día del trabajador en medio de esta crisis? Crisis provocada por la codicia y avaricia de unos pocos. Crisis aprovechada por muchos para bajar los sueldos de los futuros trabajadores o hacerlos renunciar a sus derechos laborales.

¿Cómo celebrar este día en que muchos jóvenes buscan su primer trabajo y muchos adultos han perdido su trabajo y el camino de su vida se ha quedado paralizado posiblemente por su edad?

¿Cómo celebrar este día en una sociedad que promueve la competencia y exitismo laboral?

¿Cómo celebrar este día cuando la gran mayoría de los trabajadores no trabaja en aquello para lo cual tienen vocación y más habilidades?

Por eso esta celebración, debe de ser una llamada, no solamente a los trabajadores y sus familias quienes son los que están pagando las consecuencias de esta crisis tan brutal, provocada por la codicia y avaricia de unos pocos. Si no que, es una llamada especialmente a esa clase política, responsable de corregir, como legisladores estos atropellos que los trabajadores están sufriendo.

Por eso, este primero de Mayo, debe de ser para nosotros un tiempo de acción y de compromiso social transformador. Los derechos y valores humanos deben de ser en esta sociedad una exigencia de todos, como un servicio más a la comunidad.

Más que nunca quizás, todos los que hoy en día tienen trabajo y los que no, debemos de participar con mayor compromiso en la vida política y social que nos rodea. Ignorar lo que está pasando en la calle y en las redes sociales puede ser irresponsable. En España hay una distancia creciente entre buena parte de la sociedad y sus representantes. Y el resultado se traduce en desesperanza y desencanto.

No podemos tolerar que algunos, se aprovechen de esta crisis para destruir a los demás.